domingo, 18 de mayo de 2008

los domingos son amigos de la desidia

fah, con ese título podría venirse una reflexión sumamente poética y profunda sobre los domingos y en cambio solo me atrevo a decir que a veces los domingos me gustan. y la desidia también. las feas sensaciones también son amigas de las lindas. ..... creo que las sensanciones y los sentimientos no son aisladas unos de otras sino que corren todos juntos como un arroyo que avanza por nuestro cuerpo. recordandole a éste que hay vida. por eso, la muerte dominguera es necesaria, para poder volver a despertar empapado por dentro de algo viscoso y pegajoso que es la alegria de estar viviendo.

bueno, al final si me puse un poco densa pero que importa, las palabras son buenos juguetes de domingo, right?

martes, 6 de mayo de 2008

bienvenidos


no mas fiebre, hola otoño

Carta de Lewis Caroll a Gertrude Chataway
Mi muy querida Gertrude: Usted estará apesadumbrada, sorprendida, y desconcertada, al oír la extraña enfermedad que tengo desde que usted se fuera. Mandé buscar al doctor, y dije, "Deme alguna medicina porque me siento cansado". Él dijo, "¡Estupideces sin sentido! Usted no necesita la medicina: ¡vaya a la cama!" Dije, "No; no es la clase de cansancio que pide la cama. Mi rostro trasunta cansancio." Él se veía con expresión grave, y dijo, "Oh, es su nariz la que está cansada: una persona habla a menudo demasiado cuando piensa que tiene todo claro." Dije, "No, no es la nariz. Quizás sea el pelo." Entonces él se vio algo serio, y dijo, "Ahora sí entiendo: usted estuvo peinando el pianoforte." "No –dije-, de hecho no lo he hecho, y no es exactamente el pelo: más bien sobre la nariz y el mentón." Entonces él serio durante largo rato, y dijo, "¿Ha estado usted caminando mucho con la barbilla?. Dije, "No." "Bien!" dijo él, "esto me desconcierta mucho. “¿Usted cree que el problema estará en los labios?" preguntó. “Por supuesto” dije. "¿Qué es exactamente?" Entonces el se vio muy serio, por cierto, y dijo, “Yo creo que ha estado dando demasiados besos...” "Bueno" dije, "Le di un beso a un niña, una pequeña amiga mía." "Piense otra vez, " dijo él, "¿está seguro de que haya sido solo uno?" Pensé otra vez, y dije, “puede que hayan sido once veces”. Entonces el doctor dijo: “Usted no debe darle ni uno más hasta que sus labios se hayan recuperado”. “Pero ¿cómo hago?” le dije “ ¡le debo ciento ochenta y dos besos más! Entonces se vio tan serio que las lágrimas corrían por sus mejillas, y me dijo “Mándeselos en una caja”. Entonces recordé una pequeña caja que compré una vez en Dover, pensando que podría regalarla alguna vez a alguna niña ú otra persona. Así que los empaqué bien cuidadosamente. Dígame si le llegan bien o si alguno se pierde en el camino.